Ni los griegos, ni los italianos, ni Miguel Angel, ni Prada, nadie ha hablado nunca de tu belleza, la belleza del tiempo congelado que cristaliza en mi memoria con cada segundo a mi lado.
Una belleza que es fuego, un fuego que abrasa, si, pero también alumbra y conforta, es así el fuego con el que prendes tus palabras.
Enamorarme de tu cuerpo seria como enamorarme de una playa pudiendo amar el oceano, ilimitado, libre, que todo lo moldea y a todo se adapta.
Si quieres un canon esculpelo y enamorate de el, ama al marmol frio, insípido e inalterable.
Yo seguire enamorado de un mar que no puedo poseer, no puedo comprender y contra el que no puedo luchar y sin embargo, es el mar quien me da vida, no la fria roca que has tallado.
Sí tu cuerpo fue en el que me fijé, pero es logico, todo jardin tiene sus puertas y aunque pudiese quedarme por siempre contemplandolas prefiero entrar, cambiarlo, que me cambie, aunque sea un poco, aunque sea por completo.
Te amo.
Te amo libre.
¿Linda y loca?
O fea y cuerda.
Te amo a ti.
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